Ya. La terminé. Y me demoré tanto porque intenté hacerla durar lo más posible. Todavía tenía el recuerdo de lo adictivas que habían sido las tres novelas anteriores y tenía el mismo miedo de todos los fans, de que esta entrega no estuviera a la altura.
Y es que se nota el cambio de mano. Para los que no sepan, las tres Millenium anteriores fueron escritas por Stieg Larsson, quien murió sin conocer el éxito de su trabajo. David Lagercrantz tomó el relevo y yo al menos, noté la poca agilidad en comparación con Stieg Larsson. La historia se cuenta de manera mucho más lenta y hay saltos en el tiempo a los que no estábamos acostumbrados; muchas frases estilo “más adelante se lamentaría de esa decisión”, constantemente van dando una idea de lo que está por venir, lo que a mi gusto, le quita sorpresa a la historia.
El autor se enreda mucho cuando explica el nudo central, yo al menos terminé la novela sin entender demasiado. Hay poco desarrollo de las personalidades de los personajes, para los que venimos de leer las tres anteriores quizás no nos haga falta, pero solamente porque recurrimos a lo que ya sabemos. En este número, ese lado no tiene casi ningún desarrollo, más allá de mencionar someramente el síndrome de los savant, en el caso de los niños autistas.