A estas alturas, parece que cualquier libro de García Márquez puede ser considerado como un clásico. Varias veces intenté leer Cien años de soledad, pero para horror de michos de mis amigos lectores, nunca me la pude con esa novela. Simplemente no me enganchaba y la abandonaba en la página veinte o treinta.
En las pasadas vacaciones, conversando acerca de libros y escritores geniales, alguien comentó que sí, le había gustado mucho Cien años de soledad, pero que definitivamente había caído en éxtasis con El amor en los tiempos del cólera. Y bueno, pensé, a lo mejor esa novela sí me gusta. Y empecé, como empiezo muchas veces, con más entusiasmo que esperanzas. Y me llevé una gratísima sorpresa porque me gustó, ¡y mucho!
Lo primero que me llamó la atención fue darme cuenta de que había estado leyendo a algunos europeos y orientales y sentí, al leer a García Márquez, que era como "volver". Algo tienen los escritores latinoamericanos que me hacen sentir "como en casa". Seguramente tenga todo que ver que soy latinoamericana, pero me pasa que cuando leo a autores europeos o gringos, me falta esa complicidad, ese reconocimiento, la calidez. Y García Márquez tiene todo eso y de sobra.