¿Cómo es posible que alguien haya mentido durante más de 30 años respecto a su pasado como supuesto sobreviviente de un campo de concentración nazi? Es la primera pregunta que supongo que le nace a cualquiera que se entera de lo que trata el libro El impostor, del español Javier Cercas. Según nos cuenta, el caso Marco fue muy conocido el año 2005 en España, lo que es yo, en mi vida había oído hablar de Enric Marco ni de su impostura, así es que me pareció más que curiosa la historia y me lancé a leerla.
Básicamente se trata de un español, Enric Marco, tan ávido de atención que se inventa un pasado heroico y dramático para aparecer en los medios. ¿Cómo es posible que nadie se haya dado cuenta? Cuando una experiencia es tan fuerte y tan traumática supongo que nadie, de buenas a primeras, piensa que es un invento; y segundo, es tan terrible lo que se sabe de los campos de concentración que me imagino que nadie pone en duda un testimonio de esa clase. Claro, como dice el refrán "después de la guerra todos son generales", hay quienes dicen que siempre sospecharon, pero lo cierto es que durante décadas Enric Marco se paseó por todas partes presidiendo asociaciones de deportados españoles y dando conferencias y charlas en colegios, universidades, medios de comunicación y en donde se lo pidieran.
Luego, al descubrirse su mentira, se plantean un montón de preguntas de corte filosófico, es más, me parece que el libro plantea más preguntas que respuestas. En primer lugar, ¿qué es "la verdad" como concepto? y ¿existe la verdad, algo así como una verdad objetiva? ¿o siempre depende del lado que se mire a una persona o acontecimiento? ¿Existen mentiras buenas? ¿o siempre es moralmente malo mentir?
Marco dice, a modo de defensa, que si bien era mentira su paso por un campo de concentración, no es mentira todo lo que contaba en sus conferencias. Mal que mal, estudio Historia en la universidad y se documentó para construir a su personaje. Dice que quiso ser la "voz de los sin voz", que ya se estaba terminando la generación que había vivido aquellos horrores y era necesario no olvidar, para no repetir los mismos errores históricos. Él solamente había "arreglado la realidad". En algún momento uno se pregunta, ¿es válido? ¿Por qué no?
El autor a cada momento nos recuerda que lo que pretende es entender. Y entender no es lo mismo que justificar. Nos hace un paralelo con Cervantes y el Quijote de la Mancha con Alonso Quijano, que resulta bastante atinado. Claro que, tal como nos deja claro, Marco no está loco ni mucho menos, sino que es el rey de la manipulación, tanto que el mismo autor se ve inmerso en las trampas del falso héroe.
Un libro muy interesante, a ratos se me volvió un poco tedioso y repetitivo con eso de "donde estuvo Marcos, o dice que estuvo", "lo que hizo o dijo que hizo", "lo que recuerda o dice que recuerda", pero también es cierto que no se puede perder de vista que si bien su mentira se basa en verdades, mientras más se escarba, más falsa parece ser la historia que contó durante años.
De 1 a 7 le doy un 6. No es demasiado ágil, pero la historia es tan increíble creo que igual vale la pena leerlo.
Algunas citas
Entender, por supuesto, no significa disculpar.
El deber del arte (o del pensamiento) consiste en mostrarnos la complejidad de la existencia.
El novelista tiene licencia para mentir.
Su biografía individual era un reflejo exacto de la biografía colectiva de España.
Enric es igual que don Quijote: no se conformó con vivir una vida mediocre y quiso vivir una vida a lo grande; y, como no la tenía a su alcance, se la inventó.
¿Que había cometido un error? ¿Que había dicho que había estado preso en un campo nazi cuando en realidad no lo había estado? ¿Y quién no comete un error? ¿Quién puede tirar la primera piedra?
Había cometido una equivocación, pero la había cometido por una buena causa.
Él les presentaba la historia a los chicos en primera persona, palpitante y concreta, sin ahorrarles sangre, sudor y vísceras.
No se puede ser tan mentiroso sin ser interesante.
Los buenos mentirosos no solo trafican con mentiras, sino también con verdades.
Marco no pertenecía a la minoría, sino a la mayoría. Pudo decir No, pero dijo Sí; cedió, se resignó, dio su brazo a torcer, aceptó la vida bárbara, infame y claustrofóbica impuesta por los vencedores.
Marco es un narcisista de manual.
Marco había conocido las cárceles franquistas, pero no como delincuente político sino como delincuente común.
¿Es moralmente lícito mentir?
Él fue un impostor, sí, pero, como de sus labios jamás salió una falsedad histórica, sus ficciones dieron a conocer urbi et orbe la realidad de la barbarie del siglo XX y por tanto sus mentiras fueron buenas mentiras, puesto que su resultado fue bueno.
El resultado de mezclar una verdad y una mentira es siempre una mentira, excepto en las novelas, donde es una verdad.
No digo que lo que hizo no fuera una canallada, pero él no era un canalla. Como mínimo en la época en que yo lo conocí, no hizo daño a nadie. Tampoco buscaba dinero, ni era un trepa. Sólo buscaba salir en la foto.
El énfasis en la verdad delata al mentiroso.
Cuanto más monstruosa es la mentira, más creíble resulta para el común de los mortales.
Tenga cuidado; ya sabe lo que opino de los énfasis: dos "nunca" y un "jamás" equivalen por lo menos a un "siempre".
Si la literatura no sirve para salvar gente, ¿para qué demonios sirve?
¿Puede un libro reconciliar a un hombre con la realidad y consigo mismo?
El enigma final de Marco es su absoluta normalidad.
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