domingo, 19 de abril de 2015

La casa de Bernarda Alba. Federico García Lorca

la casa de bernarda alba reseña libro garcia lorcaDespués de leer la biografía de Ian Gibson "Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca" quedé con ganas de leer la obra completa del autor. Ya había leído algunas obras de teatro como Yerma y Bodas de sangre, pero no la Casa de Bernarda Alba.


En la biografía se nos explica que fue la última obra que escribió García Lorca, cuando estaba en la cima de su capacidad creativa y estaba eufórico por el trabajo logrado. Decía que se trataba de un teatro "sin adornos", realidad pura. Y leía la obra a cuanta persona se le cruzara por delante, con mucho entusiasmo.


La historia comienza con el entierro de un hombre, el que fue marido de Bernarda, y de entrada nos muestra una sociedad ultra conservadora, en donde mantener las apariencias importa más que nada y se nos revela también el carácter frío y dominante de la madre respecto a sus hijas y a sus empleadas.


Lo que decía la madre era voz y ley, y nadie se atrevía a contradecirla en lo más mínimo. La hija mayor, de 39 años, se compromete con un hombre menor, Pepe el Romano, quien va todas las noches a hablar con ella por entre las rejas de una ventana. Sin embargo, Pepe el Romano tiene interés en la menor de las hermanas, y ella también por él, lo que lleva a un enfrentamiento de la chica no solo con sus hermanas, sino también con la temida Bernarda.


Lorca capta con exactitud las rencillas entre mujeres solas y a través de esas disputas, imagino que revolucionarias para la época, deja entrever también la intolerancia de la sociedad respecto a la vida privada y lo que hace cada uno con su cuerpo. Supongo que una protesta velada hacia lo socialmente inaceptable que era ser homosexual y a través de un personaje logra decir lo que él mismo no puede, y denuncia el doble estándar de una sociedad que se basa en tradiciones añejas y conservadurismo puro.


El final es notable, imagino que casi todos lo conocerán, pero no lo dejo por escrito por si alguien no lo sabe y quiere darse el gusto de leer esta obra. Es muy cortita, se lee en apenas un rato.


De 1 a 7 le doy el máximo, un 7.


Algunas citas




Tirana de todos los que la rodean. Es capaz de sentarse encima de tu corazón y ver cómo te mueres durante un año sin que se le cierre esa sonrisa fría que lleva en su maldita cara.


Los pobres son como los animales. Parece como si estuvieran hechos de otras sustancias.


Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hijo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.


No, no me acostumbraré. Yo no quiero estar encerrada. ¡No quiero que se me pongan las carnes como a vosotras! ¡No quiero perder mi blancura en estas habitaciones! ¡Mañana me pondré mi vestido y me echaré a pasear por la calle! ¡Yo quiero salir!


A vosotras que sois solteras, os conviene saber de todos modos que el hombre a los quince días de boda deja la cama por la mesa y luego la mesa por la tabernilla, y la que no se conforma se pudre llorando en un rincón.


¡Déjame ya! ¡Durmiendo o velando no tienes por qué meterte en lo mío! ¡Yo hago con mi cuerpo lo que me parece!


Me sigue a todos lados. A veces se asoma a mi cuarto para ver si duermo. No me deja respirar. Y siempre: "¡Qué lástima esa cara!, ¡qué lástima de cuerpo que no va a ser para nadie!" ¡Y eso no! ¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!


Ya es tarde. No por encima de ti que eres una criada: por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca.


No pienso. Hay cosas que no se pueden ni se deben pensar. Yo ordeno.


Hace la que puede y la que se adelanta. Tú querías, pero no has podido.


Cuando una no puede con el mar lo más fácil es volver las espaldas para no verlo.


Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por las que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.


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