Tengo sentimientos encontrados. Me regalaron una edición facsimilar muy linda de Papelucho, el primero que salió, Papelucho a secas. Y a pesar de ser un libro infantil, que lo había leído precisamente en mis épocas infantiles, decidí releerlo. Me acordaba poco de la historia en sí, pero tenía grabado que era muy entretenido y que a Papelucho siempre se le ocurrían muchas ideas.
Para quienes no lo conozcan, Papelucho es una serie de libros infantiles escritos por Marcela Paz, el primero publicado en 1947 y el último en 1974. El protagonista es un niño de 8 años, que no crece a lo largo de la serie, siempre tiene los mismos 8 años. Es lectura obligatoria en los colegios, por lo que es muy difícil que alguien en Chile no lo conozca.
Siempre se dice que se narra la vida de una familia chilena de clase media, pero al releer el libro desde una perspectiva adulta, me permito cuestionarlo. ¿Es de clase media salir de vacaciones dos meses durante el verano? ¿Tener cocinera y empleada?
No puedo dejar de pensar en el choque de épocas. Cuando lo leí siendo niña no me pareció una diferencia tan abismal, pero hoy en día me parece que está lejos de ser un libro infantil con moraleja y toda la cosa. Para empezar, se retrata a una familia inserta en el catolicismo más recalcitrante. Para Papelucho las cosas son pecado o no. Está en colegio católico y todo está teñido por esa moral.