domingo, 22 de noviembre de 2015

Papelucho, Marcela Paz

papelucho reseñaTengo sentimientos encontrados. Me regalaron una edición facsimilar muy linda de Papelucho, el primero que salió, Papelucho a secas. Y a pesar de ser un libro infantil, que lo había leído precisamente en mis épocas infantiles, decidí releerlo. Me acordaba poco de la historia en sí, pero tenía grabado que era muy entretenido y que a Papelucho siempre se le ocurrían muchas ideas.


Para quienes no lo conozcan, Papelucho es una serie de libros infantiles escritos por Marcela Paz, el primero publicado en 1947 y el último en 1974. El protagonista es un niño de 8 años, que no crece a lo largo de la serie, siempre tiene los mismos 8 años. Es lectura obligatoria en los colegios, por lo que es muy difícil que alguien en Chile no lo conozca.


Siempre se dice que se narra la vida de una familia chilena de clase media, pero al releer el libro desde una perspectiva adulta, me permito cuestionarlo. ¿Es de clase media salir de vacaciones dos meses durante el verano? ¿Tener cocinera y empleada?


No puedo dejar de pensar en el choque de épocas. Cuando lo leí siendo niña no me pareció una diferencia tan abismal, pero hoy en día me parece que está lejos de ser un libro infantil con moraleja y toda la cosa. Para empezar, se retrata a una familia inserta en el catolicismo más recalcitrante. Para Papelucho las cosas son pecado o no. Está en colegio católico y todo está teñido por esa moral.


No sé si hoy en día se tendría de modelo un libro en el que el niño protagonista vive ignorado sus padres y por casi todos los adultos, salvo su nana, la Domitila. Es una constante que ningún adulto lo escucha y que nadie entiende lo que hace, ni siquiera le preguntan los motivos de sus acciones. Muchas veces también menciona que le gustaría morirse y que no tiene ganas de vivir. Pasar castigado en cama o sin comer es algo normal. Me pregunto, ¿qué pasaría hoy si unos padres actuaran así con un niño? ¿Qué pasaría si un niño de 8 años dijera que se quiere morir? Psiquiatra, psico-todo y probablemente pastillas de toda clase.


Lo que más me cargó de este redescubrimiento de Papelucho es que así como el catolicismo de daba por sentado, también la homofobia. Dentro de todas las cosas que hace, con su amigo le pone una "bomba" debajo de la cama a otro compañero solamente porque lo encuentra "muy amujerado".


Esos son mis sentimientos encontrados. Por una parte actitudes que no me gustaron nada y que no encuentro ejemplo de nada para ningún niño, pero por otra nos muestra la vida real. Dudo que un niño de estos tiempos salga a la calle a jugar, se haga amigo de los vecinos o tenga sueños como ser inventor, pirata o trapecista.


Choque de épocas y de realidades. Bien como testimonio, pero me parece que hay que empezar a verlo con ojo crítico.

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