sábado, 10 de octubre de 2015

El viejo y el mar, Ernest Hemingway

El viejo y el mar. Reeña del libroDe vez en cuando me pasa que digo, ¿cómo nunca he leído nada de –inserte autor conocido–? Esta vez fue el turno de Hemingway, sí, nunca había leído nada de él así es que elegí casi por azar “El viejo y el mar”.


Al principio me costó acostumbrarme al ritmo de la narración, me pareció algo plano y sin matices, pero a medida que iba avanzando el relato me di cuenta que con muy pocos elementos el autor nos cuenta una historia que se puede leer de muchas maneras, no solamente de forma literal.


Es casi un monólogo. Un viejo pescador que hace 84 días que no pesca nada. Obsesionado con cortar la mala racha, sale otro día a pescar, se da cuenta de haber enganchado algo enorme y pone todo su esfuerzo, cabeza, corazón y decisión en lograr el objetivo, que es pescar lo que sea que haya enganchado.


Pasan días y noches, solo en su bote, con enorme dificultad, luchando primero contra algo que no tiene idea qué es, y luego cuando se da cuenta de la magnitud del pez, luchando para matarlo, atraparlo, y llevarlo de vuelta a tierra.


No pude evitar pensar las veces en que uno se siente como en el medio de un océano, sin referencia, sin saber cómo lograr un objetivo, pero teniéndolo claro y haciendo todo lo posible por cumplirlo. El relato muestra la importancia de la perseverancia, los años de experiencia, la tenacidad y la tozudez de una manera sencilla, pero profunda.


El viejo habla consigo mismo para no enloquecer. Habla con el pez enorme que ha pescado. Habla con los tiburones que vienen a comerse al pez. No hay quejas, no hay lamentos. Hay finalmente victoria, cuando estuve todo el relato pensando que el viejo moriría devorado también por los tiburones.


Una novela corta que engancha, que hace pensar y que nos envuelve fácilmente en el mundo del viejo: su bote, el pez, el mar y los tiburones. Así de sencillo. Y así de enorme. Es de esos libros a los que uno les toma el peso después de haberlos terminado. Al menos eso me pasó a mí.


Algunas citas




Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y éstos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos.


¿Por qué los viejos se despertarán tan temprano? ¿Para tener un día más largo?


¿Por qué habrán hecho pájaros tan delicados y tan finos como esas golondrinas de mar, cuando el océano es capaz de tanta crueldad?


Decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren.


Por lo general, la gente no tiene piedad de las tortugas porque el corazón de una tortuga sigue latiendo varias horas después que han sido muertas.


Se consideraba una virtud no hablar innecesariamente en el mar, y el viejo siempre lo había reconocido así y lo respetaba.

Nadie debiera estar solo en su vejez –pensó –. Pero es inevitable.


Se dio cuenta de que nadie estaba jamás solo en el mar.


Pero el hombre no está hecho para la derrota – dijo –. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.


Ahora no es momento de pensar en lo que no tienes. Piensa en lo que puedes hacer con lo que hay.


Estás cansado, viejo – dijo –. Estás cansado por dentro.


Has violado tu suerte cuando te alejaste demasiado de la costa.


Todavía puedes tener mucha suerte. Me gustaría comprar alguna si la vendieran en alguna parte.


La suerte es una cosa que viene en muchas formas, y ¿quién puede reconocerla?


Navegó ahora livianamente y no tenía pensamientos ni sentimientos de ninguna clase.


No hay comentarios:

Publicar un comentario