Tengo muchos libros de esos que uno o los demás dicen “cómo nunca lo has leído”. Era el caso de El señor de los anillos, que no lo he leído ni tampoco visto las películas. Y siempre me dijeron que había que leer primero El Hobbit para entenderlo bien. Me pareció una buena idea, además se trata de un libro relativamente corto.
Estuve dos o tres veces a punto de abandonarlo. Esos libros que generan fanaticada tipo vestirse y recrear el libro en la vida real (al estilo de los Potterfans) en general me producen rechazo. Pero continué y lo terminé. No me emocionó en absoluto.
Trata de la historia de un hobbit, Bilbo Bolsón y su odisea por acompañar a los enanos a rescatar el tesoro robado hace chorromil años y que actualmente custodia un dragón de proporciones inimaginables. Tenía ciertas ilusiones, hasta como la mitad del libro pensé que quizás porque lo estaba leyendo en las noches era que no entendía el trasfondo, ¿por qué buscar un tesoro? ¿qué subyacía? Nada. Era buscar el tesoro por buscar el tesoro. Cuek.
Un camino difícil, con distintos obstáculos. Lo más interesante es cuando Bilbo encuentra el anillo que lo hace invisible y se lo quita a Gollum. Luchas, peleas con seres de fantasía como trasgos, wargos y elfos. Animales que hablan y Gandalf, un mago que no es omnipresente ni todopoderoso.
La historia tiene un narrador omnisciente que constantemente se adelanta a los hechos y va revelando detalles. Para mi gusto, le quita suspenso al libro, porque uno sabe de antemano lo que sucederá.
No me quedan ningunas ganas de leer la archifamosa trilogía de El señor de los anillos. A ver si más adelante me animo. Este libro salva con lo justo.
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