Cuando me recomendaron esta novela lo primero que pensé es, ¿iré a entender una novela de la vida de una mujer iraní? Yo de Irán no tengo idea, más que cuando lo mencionan en las noticias. Me parecía interesante enterarme de algo de historia y de estilos de vida, en apariencia tan diferentes al nuestro, occidental y latinoamericano, en mi caso particular.
Es una novela, que está narrada en primera persona por Masumeh, en donde cuenta su vida, desde que era adolescente hasta ya adulta. La forma de escribir de la autora es absolutamente tradicional, es un relato lineal, no hay saltos en el tiempo ni tampoco utiliza lenguaje rebuscado, por lo que es fácil seguir la trama.
En un principio salió a flote el prejuicio generalizado de que los musulmanes son tan estrictos, cerrados, y crueles en especial con las mujeres, sin embargo y para mi sorpresa, con el correr del relato fui encontrando más similitudes que diferencias.
La historia de Masumeh es cruda. Nos recuerda que cosas que pensábamos de épocas medievales siguen pasando en nuestros tiempos, como por ejemplo, bodas concertadas por las familias, hijas tratadas como si fueran muebles o monedas de cambio y machismo a toda prueba. A Masumeh la obligan a casarse siendo aún una adolescente. Debe luchar por que le permitan estudiar en el colegio, pues su familia considera que es una actividad totalmente inútil para una mujer, que mejor debiera ir a clases de costura. Su marido es un hombre al que nunca vio antes de la boda, sin embargo hace su mejor esfuerzo por establecer una familia, cuidarla y mantenerla.
Hamid, su marido, es activista político, por ahí por los años 60 y 70 sueña con un estado socialista y está dispuesto a dar la vida por ello. ¿No les suena conocido? Luego, con el correr de los años y con el triunfo de la revolución, todos quienes habían luchado contra un enemigo común, ahora comienzan a pelear entre ellos mismos. ¿Más similitudes? Presos políticos, violaciones a los derechos humanos, sufrimiento extremo, una mujer que ni siquiera ha podido terminar sus estudios debe salir a trabajar, para mantener su casa, sus hijos y seguir la pista a un marido que no sabe dónde está.
Al leer esta historia me acordaba de un término que he escuchado desde la psicología y es la resiliencia. Se describe como la capacidad de recuperarse frente a la adversidad y seguir adelante. Toda la vida de Masumeh está teñida por grandes dolores y angustias, sin embargo siempre intenta encontrar el lado amable, por muy pequeño que sea, y aferrarse a él para salir a flote.
Mención especial merece el concepto de familia que se muestra. Una en donde los hombres predominan, padre y hermanos son los encargados de “cuidar” el honor de las mujeres, llegando a la muerte si es necesario. Las traiciones de los que son de la propia sangre están a la orden del día aun cuando todo parece estar en contra, la protagonista sigue viviendo lo mejor que se puede.
Si la vida en Teherán es así como se nos muestra, no me extraña que a la autora la hayan censurado y hayan impedido por todos los medios que publique en Irán. Ella no se da por vencida y sigue escribiendo. Como una Masumeh en la actualidad.
La recomiendo muchísimo.
Algunas citas
Las niñas son inútiles. Pertenecen a otro.
Mi padre tenía buen corazón y me quería aunque fuera una niña.
Parecía que no le hubieran enseñado que cuando una chica ríe no deben vérsele los dientes y nadie debe oírla.
Nunca escuchábamos música, porque era pecado.
Que Dios te castigue, niña. Rezo para que te fulmine.
Todos llevamos el destino escrito en la frente desde el primer día y nuestra suerte ya está echada.
Todos encontramos nuestra manera de vengarnos de la vida y de hacer de nuestra existencia algo tolerable.
Sentía que no pertenecía ni a ellos ni a aquella casa. Ni siquiera experimentaba odio. Aunque frío como el hielo, mi corazón latía lenta y acompasadamente. Me pregunté si algo en el mundo sería capaz de hacerme feliz.
El objetivo de mi vida estaba plasmado en los muebles de aquella cocina y aquel dormitorio.
Las palizas y torturas no son la única forma de opresión; a veces las personas utilizan el amor y el cariño para desarmarte.
¿En deuda? ¿Por qué estoy en deuda con vosotros? ¿Porque me creasteis? ¿Acaso pedí que me concibierais y por eso os debo algo?
¡Qué fácil era hacerme feliz, pero cuánto les costaba a todos!
Dios todavía no ha creado a ningún hombre inofensivo.
Una no puede pasarse la vida hablando de política y filosofía. A veces me pregunto qué estará pasando en nuestra casa y me doy cuenta de que ya no recuerdo los nombres de algunos niños de la familia. Ellos también deben de haberme olvidado. Ya no pertenezco a ninguna familia.
Ya no era una niña torpe e inexperta dispuesta a soportar comentarios maliciosos y a que pasaran por alto mis necesidades y deseos calificándolos de poco importantes.
Querido, ser fuerte y luchador no es incompatible con ser mujer. No es un impedimento.
A causa de la opresión sufrida, no habíamos aprendido a sacarle partido a nuestra libertad: no sabíamos debatir, no estábamos acostumbrados a oír puntos de vista opuestos, ni entrenados para aceptar ideas y opiniones diferentes de las nuestras.
En una revolución no hay cabida para la compasión.
Mi vida se desarrollaba de tal modo que entre un suceso y otro siempre había un intervalo que me permitía respirar hondo y fortalecerme, y cuanto más duraba el periodo de calma, más duro era el impacto del siguiente incidente.
Me percaté de que no tendemos a valorar la ayuda que nos prestan los demás; damos por hecho que es su obligación.
Me ofrecen el derecho a arrebatarle a alguien su derecho. No, así no lo quiero.
Yo trabajaba muchas horas y llevábamos una vida desahogada. Tenía de todo excepto felicidad.
Necesitaba liberarme, por una vez en la vida, de toda responsabilidad y volar libre por el ancho del mundo.
A la gente le encanta crear héroes, engrandecen a alguien para poder ocultarse detrás de él, para que hable por ellos, para usarlo como escudo en caso de peligro, para que sufra los castigos y les de tiempo a huir.
No debes seguir a ninguna persona ni ninguna ideología que te exija aceptarlo todo ciegamente.
A menudo me pregunto por el destino que me tocó en suerte. ¿Es un destino independiente? ¿O siempre he formado parte del que regía la vida de los hombres de mi vida, que, cada uno a su manera, me sacrificaron en el altar de sus creencias y objetivos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario