miércoles, 18 de marzo de 2015

El fin de la inocencia. Juan Carlos Cruz

el fin de la inocencia libro reseñaTítulo: El fin de la inocencia
Autor: Juan Carlos Cruz
N° páginas: 195
Género: Biografía, Testimonial


Este libro es un testimonio, en donde Juan Carlos Cruz nos cuenta cómo llegó de adolescente a la parroquia El Bosque, buscando a Fernando Karadima – como una manera de encontrar sentido y alivio a su vida luego de la muerte de su padre – y el posterior calvario que vivió a manos del párroco y sus secuaces, siendo víctima del más cruel abuso, tanto sexual como psicológico.


Es un caso conocidícimo en Chile, no sé hasta qué punto a nivel mundial. Hubo entrevistas escritas, en radio y televisión. Reportajes de investigación que indagaron hasta el último detalle y un documental de un programa de televisión llamado Informe Especial (si lo buscan en youtube seguro lo encuentran) en donde se expuso el caso en profundidad.


No puedo decir que leí el libro, más bien pareciera que lo inhalé. Lo comencé una noche y lo terminé a la mañana siguiente y siento que todos los adjetivos que he leído y escuchado respecto al caso se quedan cortos: desgarrador, cruel y perverso son los que más resuenan.


Juan Carlos Cruz no se guarda detalle ni escatima en mencionar personas con nombre y apellido. Mientras más avanzaba en la lectura, más me decía a mí misma “hay que tener pelotas pa escribir algo así”. A través del relato va quedando totalmente expuesto, desde su vida de niño hasta hoy en día. Nos cuenta con una claridad pavorosa la clase de persona que es Karadima y las redes de poder que lo sustentaban.


Tiene la habilidad de hacernos entrar en ese mundo y, guardando las proporciones, tal como le pasó a él, vernos metidos hasta el cuello en una situación de la que ya no era posible escapar. La presión psicológica a la que estuvo sometido me conmovió profundamente. Creo que todos en nuestra época escolar nos asustamos e hicimos tonteras para no quedar fuera del grupo de los pares. En ocasiones, para agradar al líder del grupo y de esa forma no quedar fuera. Pero claro, dentro de los pares es una cosa, no imagino cómo será eso llevado al extremo tan desigual, no solo de un cura respecto a un adolescente, sino a alguien con el carisma y poder del cerdo de Karadima.


A pesar de que el autor confiesa que su fe nunca se vio mermada, cada vez me convenzo más de que la iglesia es nociva como institución. Sí reconozco que hay de todo, como en todas partes, y sí hay sacerdotes y monjas que valen la pena, pero la institución me vale callampa. Una manga de retrógrados, homofóbicos, misóginos e incompetentes al mando de una estructura de poder me parece muy peligroso para la sociedad.


Considero por ejemplo, y sin arrugarme, que no se debiera permitir que curas ni monjas católicos (ni de ninguna religión) tengan a su cargo la educación de los jóvenes; ni en colegios ni en universidades. El ser humano debe ser libre y poder decidir desde esa libertad si quiere acercarse o no a alguna religión o creencia. Resulta castrante cuando es algo impuesto desde la infancia. Lo digo porque tuve la experiencia de educarme en colegio de monjas y luego universidad de curas y si bien en el momento uno no tiene las herramientas y acata lo que conoce, con el tiempo y perspectiva habría agradecido una educación mucho más amplia y libre.


Cuando uno vive la infancia y la adolescencia, solo tiene al mundo cercano como para “echar mano” y pedir ayuda en caso de necesidad. Y uno se guía por intuiciones, en quién confiar o en quién no. Llegué a llorar al leer las repetidas veces en que Juan Carlos fue traicionado por alguien en quien había depositado confianza. No pude dejar de preguntarme cómo fue posible que se dieran una serie de circunstancias tan perversamente sincronizadas como para que nadie con un mínimo de cordura pudiera ayudar o dar una luz. En situaciones tan vulnerables, resulta crucial una opinión centrada, equilibrada, y no las inquisiciones y amenazas a las que fue sometido.


Hay detalles que aun llaman mi atención y no sé si atribuirlos al autor o al editor, por ejemplo, aun después de narrar los horrores vividos, aun se refiere a Karadima como “padre” Fernando, lo mismo con los otros infames que siempre lo resguardaron. Hijos de puta sería lo menos que yo podría escribir para referirme a ellos, “padre” en ningún caso.


Me llenó de indignación enterarme que hoy, en pleno siglo XXI ¡¡los obispos tienen un trato especial frente a la justicia!! ¡Pueden declarar por escrito o desde su casa! Me parece inconcebible que la iglesia y sus autoridades sigan creyéndose y sintiéndose por sobre el resto de la población.


Indignante resulta también el relato respecto a la negligencia cometida por los que tendrían que haber actuado en su momento. Más repulsivo aun resulta darse cuenta que muchos de los nombres que menciona en el libro, como encubridores y cómplices de Karadima sigan estando en importantes puestos y todavía más, ¡sean ascendidos! ¡Hoy, año 2015! ¿Hasta cuándo nos querrán seguir viendo la cara de idiotas en este país?


Con todo, creo que es un testimonio que hay que conocer y difundir. Y ojalá que sirva como prevención, que todos estemos con los ojos más abiertos y no sé cómo, podamos quitar el poder que aun ejerce Iglesia como institución en nuestras vidas.


De 1 a 7 le doy un 7. Bien escrito, de rápida lectura, claro y duro. Y por el coraje de contar lo que cuenta.


Les dejo algunas citas que me impresionaron:




“En esa fase inicial no se me ocurrió pensar que hubiera algo malo en todo eso, en que un joven debiera esforzarse tanto para ser amado”.


“Durante las confesiones los temas preferidos del padre Karadima eran si me había masturbado, cuántas veces lo había hecho y si lo había hecho solo o acompañado”.


“(…) lo que, en principio, me había parecido una familia sagrada y bendecida por la gloria, era en realidad una organización política con lazos en múltiples redes de todo el país”.


“Karadima nunca concluyó la secundaria”.


“¿Por qué era tan necesario que estuviera constantemente esforzándome para conservar el amor de mi padre espiritual, a la vez que mi posición dentro del grupo?”


“Comprendí que el hecho de permitirle que me tocara de ese modo era el precio que debía pagar para que mis secretos siguieran siendo eso…”.


“El Bosque era una especie de secta, un culto de Karadima, una iglesia dentro de la iglesia”.


“Me sentí carente de amigos, enfermo y destruido”.


2 comentarios:

  1. Me da mucha tristeza que esto este ocurriendo en el siglo XXI, a todos mis hermanos católicos pido hagamos oración intensa por nuestra amada Iglesia, especialmente por los Sacerdotes y todos aquellos que tienen autoridad dentro de la misma y que Dios venga a limpiar su Iglesia que a su santísima sangre le costó.

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  2. Hola Antonino, muchas gracias por pasar por el blog y dejar tu comentario :)
    Me parece que la iglesia pasa por una enorme crisis, y es que los acontecimientos que se han ido destapando superan todo límite.

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